Informática y Sistemas, un par de carreras cliché

Los humanistas se quejan: las humanidades son un área del
conocimiento que ha sido olvidada por los jóvenes. La mayoría se ha dedicado ahora a las ciencias. Pocos literatos, pocos filósofos y en general pocos pensadores ha dado el último medio siglo. Probablemente tengan razón. Al menos en México, cada que se abre una universidad, con más frecuencia resulta que es “politécnica”, las humanidades no son rentables; el mundo actual es tecnológico y cada vez hay menos espacio para ellas.
Pero si es cierto que los mejores talentos se están volviendo a las ciencias, también es cierto que no todas las áreas de la ciencia los están recibiendo. Las matriculas en ciencias exactas siguen siendo las más bajas de las universidades públicas y las universidades particulares ni siquiera las incluyen. La ciencia no es negocio y no puede competir en el libre mercado; la curiosidad necesita de la subvención del gobierno. La biología y la química tampoco están mejor, aunque comparada con la física, las matriculas rebosan. Recientemente he tenido que dar cursos de matemáticas y física a estudiantes que quieren entrar a la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la UAM. De los alumnos a los que me ha tocado dar clases, (una mala muestra, es cierto) la mayoría quiere estudiar “Ciencias y Artes del Diseño”, economía, administración, etc. Al ver su sufrimiento con los conceptos más simples de aritmética (suma de quebrados, incluso suma de números enteros) puedo entender que ellos eligen su profesión con la máxima sempiterna medio en broma medio en serio: “quiero estudiar algo que no tenga que ver nada con matemáticas”. En México los jóvenes quieren ser administradores de empresas, psicólogos, abogados, contadores, médicos o ingenieros. Los que prefieren la ingeniería en particular quieren ser ingeniero en sistemas, o, en su caso, licenciado en informática. No hay universidad que abra sin alguna de esas carreras; tan grande es la demanda que se han creado “universidades”, “institutos” y un sin número de escuelas, más o menos “patito”, para aprovecharla. La mayoría, incluso, usan el término más popular y familiar de “computación”. Con la cantidad de recursos humanos que en México se están formando, en pocos años tendríamos que ser una potencia en ciencias de la computación.
Desconozco la razón por la cual algunas profesiones se vuelven modas. Los niños sueñan con ser bomberos, pilotos, choferes de autobuses, policías. Nunca he escuchado a un niño decir “quiero ser ingeniero en sistemas”, o “quiero estudiar computación”. Sin embargo, ese niño casi seguro terminará estudiando, o deseando estudiar, “computación”. Las computadoras son interesantes, manipulables, programables, ubicuas y, algunas, muy bonitas. El objeto pasó de ser sacralizado en los 80 y 90 (la máxima de la educación básica era: “tenemos que dar clases de inglés y computación”) a ser más o menos vulgarizado en la del 2000-2010. Hoy los jóvenes se relacionan, se informan, y se comunican por medio de las computadoras. Yo mismo paso la mayor parte de mi tiempo libre sentado frente a un monitor y estudio una ingeniería en desarrollo de software; así que soy parte del cliché que critico. Pero esa misma popularización ha dado origen a una confusión muy grande. Para mucha gente computación significa internet e interntet significa tan sólo facebook. Ni más ni menos. Uno de mis alumnos, bueno e interesado en la física, aunque no especialmente hábil me comentó alguna vez: “quiero estudiar sistemas porque admiro mucho a Steve Jobs”. Desde luego, Steve Jobs fue un tipo audaz, competitivo y muy listo, pero decir que te gusta la computación y admiras a Jobs es como decir que te gusta el futbol y admiras mucho a Jorge Vergara. Simplemente no hay comparación posible. Si te gusta el futbol tendrías que admirar a Pelé, a Maradona, tal vez a Messi o a Neymar; pero no a los dueños del Barcelona o el Real Madrid. De igual manera yo supongo que los computólogos admiran a Pascal, a Knuth, o a Turing, y los administradores de sistemas a Stallman, a Ritchie, o a Kernighan. Pero estos nombres no les suenan ni de lejos. La razón por la cual esa gran cantidad de jóvenes quiere estudiar esas carreras es un terrible y desgraciado equívoco: ellos no piensan en algoritmos, ni esperan que los hagan “pensar” con materias como álgebra lineal o cálculo integral. Algunos, incluso, egresan sin saber programar, porque es un área de su carrera que no les gusta. Simplemente porque ese no era el uso que acostumbraban darle a la computadora. Estoy seguro de que si en este país se abriera la ingeniería en “teléfonos celulares” o, mejor aún, en “iphones, ipads y macs”, también se saturaría, pero no avanzaríamos en tecnología de la información, como no avanzamos hoy en computación a pesar de que mucha gente joven pasa la mayor parte del tiempo frente a una computadora.
Tan familiar, pero tan errada en su uso y nociva por el desperdicio de talentos que esa confusión provoca, ha llegado a ser la palabra computación, que en un conocido show televisivo, para ayudar a una persona caída en desgraciada, al final se le da a elegir: “¿Qué quieres, una beca para estudiar computación o un carrito sandwichero? Bien pueden añadirle al menú: también tenemos informática y sistemas.

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